fbpx

La mujer en el comunismo (primera parte)

Así torturaban y asesinaban los comunistas a las mujeres en los campos de concentración de Bulgaria.

Tenían prohibido ir al baño, trabajaban durante 18 horas o les obligaban a correr cargando piedras enormes, entre otras muchas atrocidades.


Fue precisamente en los países del bloque comunista, donde las mujeres perdieron todos sus derechos y libertades. En la Bulgaria comunista, por ejemplo, miles de mujeres fueron enviadas a campos de concentración por razones como estas: “quiere divorciarse de su marido”, “se viste de forma provocativa y moderna”, “escucha música imperialista” o “espera en los puertos a marineros estadounidenses para escapar con ellos”, entre otros inhumanos motivos.

Las inhumanas condiciones de la cárcel de Lovech:


Hace 70 años los comunistas llegaron al poder en el país balcánico de forma violenta, y en unos pocos meses asesinaron a miles de personas contrarias a las ideas de la izquierda. Fue también en 1944, cuando el régimen dictatorial comunista creó los primeros campos de concentración para consolidar su poder eliminando los “elementos reaccionarios”. Entre 1944 y 1962 había en Bulgaria más de 90 campos de concentración, y en una decena de ellos también encarcelaron a mujeres.

El campo de concentración más duro fue el de Lovech, más conocido como “la cárcel de la muerte”. Nikola Dafinov, uno de los supervivientes del aquel terror, contó a Libertad Digital que en Lovech había más de 150 mujeres, que trabajaban en la cantera junto con los hombres. “Murieron al menos 50 mujeres, bien porque les asesinaban por no cumplir la norma diaria, bien porque sus cuerpos no aguantaban las cargas.”

Cada día las mujeres tenían que cavar 5 metros cúbicos de tierra para que los hombres encarcelados pudieran sacar piedras. Su comida diaria consistía en sólo 400 gramos de pan y un poco de sopa o agua. Uno de los torturadores, Petar Gogov, reconoció durante un juicio en 1990 que las condiciones en la cárcel eran insoportables. “Muchos presos murieron por la fatiga y el cansancio. La jornada laboral era muy dura. Recuerdo que las mujeres tenían que cavar cinco metros cúbicos de tierra y trasladarla luego a 30 metros de distancia. Era una norma imposible para cualquier mujer.”

Además, las encarceladas tenían prohibido ir al baño durante las noches, por lo que tuvieron que utilizar dos cubos. Las mujeres, que sobrevivieron al terror de Lovech, recuerdan también que los vigilantes las obligaban a correr llevando enormes piedras o con carretillas llenas de tierra. Cuando ya no podían aguantar, los comunistas las pegaban y torturaban.

Encarcelada y torturada por intentar divorciarse.

Una de estas mujeres fue Raina Gueorguieva que fue encarcelada en el campo de concentración de Lovech por haber intentado divorciarse de su marido. “A los policías comunistas de la cárcel les encantaba levantarnos las faldas y golpearnos. Se divertían mucho cuando nos obligaban a correr llevando piedras enormes. Muchas perdimos la conciencia”.

A pesar de que fue golpeada con crueldad en numerosas ocasiones, el peor momento de la joven Raina fue cuando tuvo que presenciar el brutal asesinato de otra mujer encarcelada, que se llamaba Dina Pitzina. “Un día llegó a la cárcel una mujer que tenía sobrepeso y que no podía cumplir con la norma diaria de cavar 5 metros cúbicos de tierra. Entonces, una de las vigilantes llamó a Gazdov para decirle que esta mujer no quería trabajar. Entonces él dijo que había “que eliminarla”. Después de recibir la orden, una de las vigilantes empezó a golpearla con una vara, y luego metió la vara en su boca y empujaron hasta que a la pobre mujer se le salieron los intestinos. Los vigilantes dejaron su cuerpo desnudo en la barraca donde dormíamos hasta que al día siguiente se le ordenó a algunos presos enterrarla.

“Nosotros decidimos si vives o mueres”

Otra superviviente del terror comunista en Lovech, Lyliana Popova, fue encarcelada por intentar escapar a la República Federal de Alemania. “Al llegar a este campo de concentración, lo primero que vi fue como el policía Gazdov pegó una paliza a una mujer llamada Yodka. La golpeó varias veces en los pechos con una vara. La mujer no dejó de vomitar sangre durante toda la noche”.

Popova recuerda con dolor que cuando llevaba apenas unos días en el campo intentó suicidarse al saltar de la cantera más grande. “Los vigilantes me detuvieron. Ni siquiera me permitieron suicidarme. Me dijeron que sólo ellos tenían derecho a decidir si yo iba a vivir o no. A causa de este accidente, decidieron castigarme al golpearme por todo el cuerpo.”

Después de la caída del régimen en 1989, Popova contaría al periodista Hristo Hristov un incidente que también tuvo lugar en el campo de concentración de Lovech, y que nunca podrá olvidar.”En la cárcel de Lovech conocí a una mujer, que se llamaba Radka. Era una mujer muy bajita e inofensiva, pesaba 35 kilos como mucho. Un día intentó escapar, pero los vigilantes la detuvieron y la dejaron para que se la comieran los perros. De la pobre mujer no quedó nada” recordaba Popova.

Encarcelados por robar una bicicleta

Al campo de concentración de Lovech también fueron enviados varios miembros de una misma familia como en el caso de los Bushevi. Ivanka y Boris Bushevi se habían casado en 1958, pero sólo tres años más tarde fueron enviados al campo de concentración de Lovech. La razón de su encarcelamiento fue el hecho de que Boris Bushev había robado una bicicleta. Ivanka sobrevivió al terror comunista de Lovech, mientras que su marido fue asesinado.

Busheva recuerda atemorizada que una vigilante llamada Totka Nesheva las golpeaba todos los días sin razón alguna. “Un día Nesheva me ordenó que pegara a otra encarcelada, una mujer joven, y que la metiera una vara en su vagina hasta asesinarla. Me negué a hacerlo, por lo que dos vigilantes me pegaron con una correa durante horas.”.

No obstante, la pesadilla de Ivanka Busheva sólo acababa de empezar. “Una segunda vez me torturaron y pegaron con crueldad porque ayudé a Nadia Ivkova, de Sofía. La habían pegado tanto que todos la dimos por muerta. Yo limpié sus heridas, y cuando Gazdov y Gogov se enteraron de ello, decidieron castigarme al pegarme con una enorme correa”.

El campo de concentración de Skravena

Cuando la cárcel de Lovech fue clausurada, muchas mujeres fueron trasladas a un campo de concentración exclusivamente para mujeres. Pocas mujeres sobrevivieron para contar sus trágicas historias en Skravena. Historiadores y fiscales coinciden en que todavía falta mucho por conocerse sobre las atrocidades comunistas en los campos de concentración y lamentan que muchos de los archivos fueran destruidos.

Los milicianos socialistas y comunistas se dedicaron a violar a católicas durante la II República y la Guerra Civil

Lloret de Mar. Tres hermanas de sangre y de orden religiosa. Los milicianos les violaron y luego les dispararon en la vagina para burlarse de su virginidad.

Está muy documentada la muerte de las 295 monjas mártires. Pues bien, veamos solo unas pocas gestas heroicas y galantes de las que realizaron durante la Guerra Civil los jóvenes milicianos comunistas. 

Carmen, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas son hermanas, naturales de Riudarenas (Gerona) y las tres han profesado como Misioneras del Corazón de María. Tienen respectivamente 41, 36 y 34 años. El 19 de julio de 1936 abandonan su convento de Mataró y se refugian en una casa de Riudarenas, pero son detenidas el 25 de septiembre y las trasladan a Cabanyes, en el término de Lloret de Mar. La noche del 26 se las llevaron al lugar llamado L’Hostalet, donde había un bosque que estaba a siete kilómetros de la población y allí las desnudan, después las violan y, a continuación, las penetran con palos por la vagina y, por último, y como muestra de desprecio a su virginidad consagrada, las introducen de un golpe los cañones de sus pistolas hasta la empuñadura, las desgarran del todo sus entrañas y aprietan el gatillo. 

En Valencia, los jóvenes milicianos comunistas, héroes admirados del feminismo neo marxista y políticas progres, dieron un trato parecido a una seglar, Concepción Carrión González, a la que asesinaron junto con dos religiosas de las Carmelitas Calzadas de Valencia, Sor María Josefa Ricart Casabant, natural de Albal (Valencia) y Sor Trinidad Martínez Gil, que había nacido en Soneja (Castellón).

Valencia. De Acción Católica, Concepción Carrión no se dejó sobar los pechos. Entonces, los milicianos se los acribillaron a balazos 

Concepción Carrión era una mujer de 35 años, bien parecida, que presidía la agrupación Acción Cívica de la Mujer de La Alcudia. Esta asociación, formada en buena parte por las mujeres de Acción Católica, tuvo una influencia notable en Valencia. Por dar una idea, baste con decir que esta asociación valenciana tenía, en 1932, 150 locales y 50.000 afiliadas. Como esta, también surgieron otras organizaciones semejantes en distintos puntos de España, aunque con nombres diferentes, como fue el caso de Asociación Femenina de Unión Regional de las Derechas de Galicia o Acción Ciudadana de Sevilla, que se unieron a la Confederación Española de Derechas Autónoma (CEDA) de Gil Robles.

El 21 de septiembre de 1936, Concepción Carrión González y las dos religiosas citadas fueron llevadas a Sueca, a un lugar llamado del Caballo. Durante el trayecto, los milicianos intentaron abusar de Concepción, sin conseguirlo. Volvieron a intentarlo cuando la bajaron del coche, y de la frustración que les produjo la negativa le acribillaron los pechos a balazos, porque antes no había permitido que se los sobaran. Y cuando cayó muerta en el suelo, la desnudaron y la clavaron una caña en la vagina.

Carmen García Moyón, es otra seglar, apodada ‘la francesita’ porque su madre procedía del país vecino. Se la incluye a veces entre las monjas martirizadas, porque en 1918 ingresó en el noviciado de las Terciarias Capuchinas de Altura (Castellón). Pocos años después, entiende que no es esa su vocación y abandona el convento. Acaba viviendo en Torrent (Valencia), donde instala un taller de costura. Mujer muy piadosa, en 1934 se une a la rama femenina de la Real Pía Unión de San Antonio. Ella es la que organiza la catequesis de las niñas de Torrent, y cuando estalla la guerra ayuda a los católicos escondidos, a los que lleva comida y la Eucaristía.

Denunciada por una vecina, en enero de 1937 es detenida y llevada a un paraje conocido como Barranc de les Cayes, en Torrent. Al bajarla del coche, los milicianos tratan de abusar de ella, a lo que se resiste y les increpa:

-«Me mataréis, pero no abusaréis de mí».

Con juicio incluido: un tribunal popular se quedó con las dos religiosas más jóvenes de la Congregación… para ellos 

  

En vista de que no pueden cumplir sus propósitos, los verdugos de Carmen García Moyón la rocían con gasolina y la prenden fuego viva. Carmen, durante unos segundos camina por el campo como una tea ardiente, poco después se tambalea y, por fin, se desploma. Ya en suelo, antes de morir, gritó varias veces ¡Viva Cristo Rey!

Cambiemos de región. Las carmelitas descalzas de San José de Guadalajara se ven obligadas a abandonar el convento, y vestidas de seglares, pasan la noche del 23 al 24 de julio de 1936 en los sótanos del Hotel Iberia y en una pensión. El día 24 por la tarde, tres de ellas caminan por la ciudad disimulando como pueden, pero el grito de una mujer que las reconoce las condena a muerte:

-¡Son monjas, disparad contra ellas!

Los milicianos comienzan la cacería y al instante, caen dos de ellas. Una tercera puede huir. Es la hermana Teresa del Niño Jesús, tiene 27 años y natural de Mochales (Guadalajara). Trata de refugiarse en el Hotel Palace, pero se lo impiden unos hombres que están en la puerta. Y en ese momento, se acerca a ella un individuo, que la ofrece su protección y le sugiere dirigirse a las afueras. Pero en el puente de San Antonio se quita la careta, la sujeta con fuerza del brazo y se la lleva a las tapias del cementerio, donde trata de abusar de ella sin conseguirlo. A la agresión se suman otros dos valientes milicianos, y ya entre tres es más fácil manosearla, pero la monja sigue resistiéndose. Frustrada su lujuria, se les desata la ira. Un empleado de la funeraria es testigo de lo que sucede, oye las frases soeces que la dirigen y que la exigen que dé vivas al comunismo, a lo que la hermana Teresa del Niño Jesús responde con un ¡Viva Cristo Rey! Entonces se separan un par de metros de ella, cargan sus armas, ella cae de rodillas con los brazos en cruz y la acribillan a balazos.

El silencio de los dos millones de alemanas violadas por el Ejército Rojo comunista en 1945

En abril de 1945, cuando la entrada de las tropas soviéticas en Berlín ponía fin a la Segunda Guerra Mundial y libraban al mundo del nazismo, comenzaba otro tipo de violencia de la que las mujeres fueron las principales víctimas. En apenas unas semanas, entre varios centenares de miles y dos millones de alemanas fueron violadas de manera masiva y sistemática por integrantes del Ejército Rojo, a quienes Stalin había dado luz verde al afirmar que, tras una campaña tan dura, “los soldados tenían derecho a entretenerse con mujeres”.

El historiador Antony Beevor cuenta que mientras realizaba su investigación para desarrollar el libro “La caída”, en 2002, encontró documentos de violencia sexual en los archivos de la Federación Rusa. Habían sido recabados por la policía secreta y enviados a su jefe, Lavrentiy Beria, a finales de 1944.

“Estos fueron presentados a Stalin. Ahí están los reportes de violaciones masivas en Prusia Oriental, y de cómo las alemanas preferían matar a sus hijas y a ellas mismas para evitar ese destino”, señala Beevor.

La violación en masa usada por la URSS como un táctica para infundir terror

Hay un episodio horroroso de la historia que la extrema izquierda suele pasar por alto: la violación masiva de mujeres y niñas (algunas de muy escasa edad) por el ejército de Stalin durante la Segunda Guerra Mundial. Un crimen monstruoso que lejos de ser desaprobado por los dirigentes soviéticos, fue abiertamente instigado por el propagandista soviético Ilyá Ehrenburg en un mensaje a los soldados del Ejército Rojo: “Apliquen fuerza y rompan el orgullo racial de esas mujeres alemanas. Tómenlas como su despojo legal. ¡Maten!” “Las tropas del Ejército Rojo utilizaron la violación en masa como una táctica terrorista mientras avanzaban hacia Alemania”, señala la Enciclopedia Británica. Hay que decir que las víctimas de esta maquinaria de violación puesta en marcha por esa dictadura comunista no se limitaron a las mujeres y niñas alemanas. Veamos a continuación en qué se tradujo esa incitación clara a la violación.

Alemania: dos millones de mujeres y niñas violadas

En Alemania, durante la ofensiva soviética y la posterior ocupación, los soldados del Ejército Rojo violaron a dos millones de mujeres y niñas. La peor parte se la llevaron las que vivían en la capital alemana y sus alrededores: 100.000 de ellas fueron violadas durante la ocupación de Berlín. En muchos casos las víctimas fueron violadas repetidas veces, y se estima que el 10% de las mujeres y niñas violadas fueron, además, asesinadas. Según Berlín. Según el historiador británico Antony Beevor, Stalin conocía perfectamente lo que estaba pasando y encontraba divertido que todas las mujeres alemanas, desde niñas a ancianas, fueran violadas”.

Todavía hoy se alza en Berlín, en el Treptower Park, un monumento a los soldados soviéticos que muestra a uno de ellos con una niña en brazos. En Berlín a menudo se menciona el monumento como “Grab des unbekannten Vergewaltigers”, la Tumba del violador desconocido.

Mujeres alemanas asesinadas en plena calle luego de haber sido violadas por los comunistas del Ejército Rojo

Hungría: cientos de miles de mujeres violadas y niñas usadas como esclavas sexuales

En Hungría, los soldados del Ejército Rojo violaron hasta 200.000 niñas y mujeres, aunque el historiador Horvath Attila (“Silenced Shame”, 2013) calcula que pudieron llegar a ser 800.000, es decir, en torno al 20% de las mujeres y niñas húngaras de aquel momento (según el profesor Vojin Majstorović, Hungría fue ocupada por unos 900.000 soldados soviéticos). El historiador estadounidense Norman Naimark ha señalado que en medio de esa ola de violencia, niñas húngaras incluso fueron secuestradas y llevadas a los cuarteles del Ejército Rojo para ser utilizadas como esclavas sexuales, siendo repetidamente violadas allí y en algunos casos, además, asesinadas. En enero de 2020, la Asamblea Metropolitana de Budapest anunció que se construirá un monumento a las víctimas de aquellas violaciones soviéticas, un asunto que fue un tabú durante la dictadura comunista instaurada por los ocupantes soviéticos en ese país.

Polonia: más de 100.000 mujeres y niñas violadas de entre 4 y 80 años

En Polonia, como ya señalé aquí, más de 100.000 niñas y mujeres polacas de 4 a 80 años fueron violadas por soldados del Ejército Rojo, siendo muchas de ellas, además, brutalmente asesinadas, como lo ocurrido en el pueblo de Gołąb, en el que soldados soviéticos violaron en grupo a una niña de 8 años, dejándole las piernas casi arrancadas, una escena espantosa contada por un soldado de la resistencia polaca que se encontró con los resultados de la orgía criminal de los bolcheviques. Esa ola de violencia, que no se detuvo con el final de la Segunda Guerra Mundial, provocó una pandemia de enfermedades de transmisión sexual, que llegó a afectar al 10% de la población polaca. En este caso, la excusa de querer vengarse contra la población de Alemania o de sus países aliados no tenía ninguna base: Polonia había sido invadida por alemanes y soviéticos en 1939, y los soldados polacos lucharon contra los alemanes en diversos frentes a lo largo de toda la guerra, siendo uno de los países que más tropas aportó a la guerra.

Austria: decenas de miles de violaciones y contagios de enfermedades venéreas

Según el historiador británico Geoffrey Roberts, en Viena fueron violadas entre 70.000 y 100.000 mujeres. En “Austria in the First Cold War, 1945-55: The Leverage of the Weak”, el historiador Günter Bischof ha señalado que en la zona oriental del Estado de Estiria hubo entre 5.000 y 10.000 violaciones, en el distrito de Melk 1.300, en Mühlviertel más de 700, en Graz 5.000, en Scheibbs 150, y en algunas localidades de la Baja Austria el 25% de las mujeres fueron violadas. No obstante, Bischof señala que tanto éstas como las cifras de Viena ofrecidas por Roberts son estimaciones a la baja, “ya que numerosos casos de violación no fueron denunciados”. Estas violaciones contagiaron enfermedades venéreas, especialmente la sífilis, a miles de mujeres y niñas austriacas.

Rumanía: una ola masiva de saqueos y violaciones

La llegada de los soviéticos a Rumanía dio lugar a una ola masiva de saqueos y violaciones, según relató un testigo de los hechos, el escritor Mihail Sebastian. El profesor Vojin Majstorović ha señalado que las autoridades rumanas recibieron 17.760 denuncias de mujeres de ese país violadas por los soldados soviéticos, aunque él calcula que la cifra real de violaciones rondaría las 355.000.

Las violaciones soviéticas en otros países y en campos de concentración

Antony Beevor, ha señalado que los soldados del Ejército Rojo también violaron a mujeres soviéticas y polacas de los campos de concentración alemanes ocupados por la URSS. Norman Naimark apuntó que las violaciones en los territorios ocupados por el Ejército Rojo continuaron hasta el invierno de 1947-1948. Así mismo, en 2008 Andrew Roberts señaló que soldados del Ejército Rojo perpetraron numerosas de violaciones en Bulgaría, en Checoslovaquia y Yugoslavia. Según el historiador Vladimir Dedijer (“Josip Broz Tito: Prilozi za Biografiju”, 1953), que fue partisano comunista, los soviéticos violaron a más de 1.200 mujeres en Yugoslavia, asesinando a 111 de ellas.

Por: Simón Filko Fariña

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: